Cabo Verde suele ser un destino relativamente tranquilo, pero el riesgo principal para viajeros es la delincuencia oportunista (robos y tirones), especialmente de noche y en zonas urbanas. Fuera de eso, los problemas más serios suelen venir del mar (corrientes fuertes), la conducción y una infraestructura sanitaria limitada en algunas islas, por lo que conviene planificar con margen.
Solo estimaciones. Los precios varían según la temporada, el barrio y los hábitos de gasto. Comprueba los precios actuales antes de viajar.
Conflicto armado, tensiones militares y disputas territoriales.
Riesgo basado en niveles de amenaza e incidentes recientes.
Homicidio, agresión, robo y ataques armados.
Carterismo, robos de bolso y estafas a turistas.
Solidez y estabilidad del gobierno.
Riesgo de enfermedades, calidad y disponibilidad sanitaria.
Riesgo de terremotos, inundaciones, ciclones y erupciones.
Seguridad vial, transporte y servicios de emergencia.
Acogida para viajeras solas y viajeros LGBTQ+.
Riesgo de intoxicación alimentaria y seguridad del agua del grifo.
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Cabo Verde es un cruce atlántico de ritmos criollos, volcanes dramáticos y playas que parecen no acabarse, donde cada isla tiene su propio carácter. Entre senderos de altura, pueblos de colores y noches de morna, es un viaje ideal para quien busca naturaleza con sabor cultural y un ritmo relajado.
Sube al cono volcánico más icónico del archipiélago para ver un paisaje lunar y, con suerte, un amanecer memorable. Hazlo con guía local por seguridad y para entender la vida en Chã das Caldeiras.
Recorre antiguos caminos empedrados entre terrazas verdes, cañones y aldeas colgadas de la montaña. La ruta Cova–Paúl o los valles de Ribeira Grande son clásicos por sus vistas y autenticidad.
Pasa la tarde paseando por el centro colonial y termina en bares con coladeira y morna. Es una ciudad pequeña pero con una energía nocturna que marca el pulso cultural de Cabo Verde.
Disfruta de arena blanca y aguas turquesas, pero respeta las corrientes en playas abiertas. Kitesurf y windsurf brillan con los alisios, con escuelas para todos los niveles.
Prueba la cachupa (lenta y reconfortante) y acompáñala con pescado fresco cuando el mar lo permite. Visita una destilería de grogue para entender el ron local y beber con moderación.
Aterriza en Santiago, acomódate y recorre el Plateau para ubicarte entre plazas y miradores. Cena temprano y muévete en taxi por la noche, evitando calles solitarias y mostrando lo mínimo de valor.
Haz una excursión a Cidade Velha para ver el lado histórico del archipiélago y caminar por la ribera. Termina en una playa cercana para un baño prudente y vuelve antes de que anochezca.
Vuela o toma ferry (según horarios) hacia São Vicente y pasea por Mindelo con calma, parando en cafés y mercados. Reserva una noche de música en vivo en un local conocido y usa transporte puerta a puerta.
Cruza temprano a Santo Antão y elige un trekking clásico con traslado organizado para optimizar tiempos. Lleva agua, protección solar y capa ligera: el clima cambia rápido en la montaña.
Conecta con una isla de playa para descansar, caminar por dunas y ver el atardecer sin prisas. Báñate en zonas recomendadas, respeta banderas/indicaciones y confirma con antelación el transporte al aeropuerto por posibles cambios.
Para familias, Sal y Boa Vista suelen ser las opciones más sencillas por oferta hotelera, playas amplias y logística directa, aunque siempre con vigilancia por corrientes. La accesibilidad varía mucho: las aceras, pendientes y transporte no siempre están adaptados, por lo que conviene elegir alojamientos modernos, planificar traslados privados y confirmar accesos (rampas, ascensores) antes de reservar.